Estaba tensa, atenta al menor ruido. Finalmente llegó a donde provenía la luz. Se trataba de una pequeña llave. Algo temerosa, se acercó a coger la llave.
“Tres llaves somos, una por cada prueba.
Para poder continuar
más bolas de luz que los otros
deberás capturar.
Y sólo un compañero te podrá ayudar.”
-Rápido.-gritó cuando a lo lejos observó que el otro equipo estaba también escuchando lo que la llave le decía.- ¿quién corre más rápido de vosotros?-demandó.
-Yo.- Admitió Natalia desafiante.
-De acuerdo. Debemos sólo tú y yo coger todas las bolas. Cuanto más rápido mejor y luego depositarlas ahí.-dijo señalando un pequeño altar.- Todo esto antes que aquél equipo.-casi gritó señalando al otro grupo.- Yo iré a por las que no están por donde puedas correr, con lo que tendré que volar. ¡Venga!
Ambas se pusieron manos a la obra. La zona en la que se encontraban era como un cañón, rodeado por completo por paredes de pura piedra, y solo la parte que pegaba a la pared tenía un suelo por el que poder correr.
Siguió volando hasta la opuesta zona, a la vez que observó cómo corría Natalia. Era veloz como ella había dicho y con suaves movimientos. Pero todavía le quedaba un buen trozo por coger. Así que empezó por el final de su camino, mientras le comunicó mentalmente que diera media vuelta que ella acabaría lo que quedaba, para que depositara en el pedestal todas sus bolas.
Posó sus pies y casi inmediatamente empezó a correr, con lo que por poco, al pisar mal una piedra suelta, se cae. Las bolas flotaban a una distancia fácil de coger, a la cintura más o menos.

Harta, se agachó y pegó un buen salto, a la vez que alargó lo máximo posible el brazo, capturando por fin la dichosa bola. Pero demasiado había saltado y no esperó el aterrizaje. Sus rodillas dieron de golpe contra el suelo, seguidas de su cadera y poco después logró apoyar la mano, evitando darse se boca. Adolorida, cojeó a donde los demás la esperaban y le lanzó la esfera a Natalia, que la colocó rápidamente en el montón.
Después de esto, el rojo dragón que antes la echó de la primera parte de la prueba apareció y soltó un agudo gruñido, extraño para una raza tan magnífica Y ante sus ojos, el dragón pasó a ser un hombre, un duende para ser más exactos.
-La prueba ha terminado, por favor esperad con paciencia a que el jurado llegue.-dicho esto, se quedó allí, vigilándolos.
Lyan se acercó a ella, sacando de una pequeña bolsa atada su cinturón, un ungüento sospechosamente parecido al que ella le aplicó a Kian cuando estaba herido. Eso le iba a doler.
***
Kian todavía estaba impactado por la pequeña acrobacia de Shena. Se había arriesgado a romperse cualquier hueso a la velocidad a la que iba. Se sintió increíblemente aliviado cuando la vio ponerse en pie sin grandes dificultades.
También debe admitir que se preocupó muchísimo cuando vio caer a Shena sin remedio alguno cuando el dragón le dio un zarpazo, pero la prueba debía seguir como Natalia le recordó. Y confiaba en que ella sobreviviera. Así fue.
Miró mientras Kian curaba las leves heridas de Shena con mucho cuidado y respeto, sabía que ella odiaba que la trataran ahora de forma diferente y eso divertía a Kian.
Esperaron pacientemente a que llegaran los jueces. Tras un tenso momento los declararon ganadores de esa prueba y se les permitió quedarse con la llave que había conseguido Shena. Ésta junto con las otra dos, que obtendrán si ganan las siguientes pruebas, abrirán el cofre que contendrá el premio del torneo.
Por decisión unánime, el jurado, que contaba con unos tres miembros, declaró al equipo de Kian vencedor tras contar y recontar las bolas de cada equipo. Resultó que la bola rojiza contaba como diez de las normales, lo que les ayudó a ganar.
Salieron de aquél inhóspito lugar por un pasadizo que había estado oculto hasta ahora. El equipo que perdió caminaba por detrás de ellos con una mortificada expresión en sus rostros. Habían pagado todo ese dinero para perder en la primera prueba. Después de recorrer el oscuro túnel, salieron al exterior, donde sorprendentemente era de noche.
Habían pasado mucho tiempo encerrados allí y ni se dieron cuenta. Natalia mostraba en su rostro alegría mezclada con una expresión engreída. Lyan tenía una gran sonrisa en su rostro, pero Shena en cambio estaba impasible.
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Shena por su parte estaba algo preocupada. Debería haber podido capturar aquella maldita cosa roja sin problemas, pero acabó desollándose las rodillas y recibiendo un fuerte golpe.
Notó que Kian la miraba, pero pasó por completo de él, concentrada en no mostrar su verdadero aspecto ahora que estaban en la penumbra, porque se había acostumbrado a dejar que sus azulados ojos adoptaran la vista nocturna cuando esto ocurría, pero si hacía eso ahora, acabaría descubriendo su secreto delante de todos estos desconocidos.
Fijaba su mirada en cada paso que daba, hasta que salieron al exterior, alejándolos del viciado aire de ahí dentro.
Era de noche, ella lo había notado antes de que salieran por la energía que le llegaba de la Luna, que había aumentado.
Reunieron a todos los grupos poco a poco, conforme todos acaban sus respectivos enfrentamientos. Después apareció el noble y comenzó a recitar los nombres de los equipos que pasarían a la segunda prueba. Shena se permitió sonreírle cuando al nombrar su nombre, la miró. Él le sonrió de vuelta, mientras nombraba a Kian.
-Enhorabuena a los que pasasteis la prueba y a los que no, otro año será, no os derrumbéis. Este año habéis comprobado los que participasteis en años anteriores que esto ha cambiado por completo. Nada será como antes.-añadió mirando a cada uno a los ojos.- La siguiente prueba será en una semana, el jueves a primera hora de la mañana en el ayuntamiento deberéis estar. Ahora podéis iros y descansar, la siguiente prueba es la más complicada de todas.-terminó diciendo, tras lo que se despidió y subió a su caballo que le esperaba a su lado.
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